A fines del siglo XIX, la electricidad llegó a las fábricas y reemplazó a las velas: la luz cambió, pero el proceso productivo siguió siendo el mismo. Recién décadas después, cuando las plantas se rediseñaron alrededor de motores eléctricos distribuidos, llegó el salto de productividad. La tecnología, por sí sola, no transforma; lo hace cuando rediseñamos los procesos a su alrededor.
Desde hace tres años usamos IA generativa para desarrollar. Santiago Fernández —gerente de I+D Tech— describía en este espacio el desarrollo de software asistido por IA, donde la IA actuaba como copiloto para acelerar la escritura de código y reducir tareas repetitivas. Hace un año, Andrej Karpathy bautizó «vibe coding» una práctica más informal que ya existía: alguien le pide a una IA que genere software y acepta el resultado sin realizar controles de calidad del código. A comienzos de 2026 Karpathy puso nombre a la verdadera disciplina alrededor de la transformación de la industria del software, donde las tareas artesanales y manuales pasan a la coordinación de agentes de IA sin resignar calidad, seguridad ni mantenibilidad: es el nacimiento de la Ingeniería Agéntica.
Del código a los arneses
En la Ingeniería Agéntica, el foco se desplaza del código a los arneses: artefactos que acotan y dirigen el trabajo de los agentes. Hay dos tipos. Los arneses guía orientan al agente antes de escribir código —especificaciones, lineamientos de diseño, decisiones arquitectónicas—; los arneses sensores validan después —tests funcionales automatizados, métricas de cobertura, análisis de seguridad, agentes revisores—. La especificación es la pieza central: bajo el enfoque de Spec-Driven Development (SDD), se vuelve un contrato vinculante sobre una funcionalidad y eleva a la documentación, antes relegada, al estatus de ciudadano de primera clase. Los sensores no solo informan al humano: alimentan al propio agente, que corrige antes de pedir revisión. Ese loop de autocorrección permite escalar el trabajo sin saturar al equipo. La revisión no desaparece, se redistribuye: los sensores hacen una primera pasada y el humano revisa de manera más selectiva, sobre las partes críticas del dominio. Lo que diferencia hoy a un sistema es la calidad de sus arneses. A la disciplina que diseña y mantiene este sistema de arneses se la conoce como Harness Engineering: es, en conjunto, la nueva fábrica del software.
De la teoría a la práctica
En Primary, desde I+D Tech, ya venimos usando IA para escribir código, y en ciertos casos —sobre todo librerías y microservicios— adoptamos SDD como práctica, logrando alta cobertura de tests automatizados y mejoras significativas de productividad respecto al desarrollo tradicional.
Sobre esa base estamos avanzando un paso más: hoy combinamos la Ingeniería Agéntica con DDD y Clean Architecture para abordar dominios de negocio complejos, BDD para testing y OpenSpec para sistematizar SDD. La meta es escalar este modo de trabajar a sistemas más grandes, donde la combinación de specs, arneses y agentes bien gobernados promete saltos sustanciales en cómo construimos plataformas críticas para el Mercado de Capitales.
El nuevo rol del desarrollador
El cambio no es solo técnico, también cultural. El desarrollador ya no escribe cada línea de código, sino que diseña los arneses desde los cuales los agentes lo escriben. Igual que en cualquier oficio que pasa de lo artesanal a lo industrial, el foco se corre de producir el artefacto a construir y afinar la máquina que lo produce. Las personas seguimos siendo responsables del producto.
Antes escribíamos código; ahora diseñamos la fábrica que lo escribe.